REVISIÓN INFANTIL

Algunos datos sobre el aprendizaje
En una escuela de psicología, el profesor explicaba:
- El ser humano siempre tiene el ansia de saber cosas nuevas, es decir, le gusta, le encanta aprender. Y el aprendizaje se realiza a través de nuestro cerebro.
- Pero nuestro cerebro-respondió un alumno- tiene solo 2 funciones: gestionar nuestro cuerpo y obtener placer
- Sí, pero para realizar esas 2 funciones, necesita aprender, porque el cerebro siempre quiere más.
Efectivamente, y aunque estamos siempre aprendiendo, el máximo aprendizaje se obtiene durante la infancia y adolescencia.
Debemos tener en cuenta que el cerebro aprende mediante estímulos que recibe del exterior. Se estima que el 84% de estos estímulos son visuales, el 15% auditivos, y el 1% restante se obtiene del resto de sentidos (tacto, olfato y gusto).
Sabemos que los infantes que durante los 5 primeros años de vida tienen resfriados de forma frecuente, tendrán problemas en el habla, ya que, al obturarse las vías auditivas, podrán desarrollar problemas de lenguaje.
Pero, ¿y la visión?
Como optometristas, debemos informar que el “órgano que ve” es el cerebro, no el ojo. Nuestros ojos actúan como cámaras de video que transmiten la información al cerebro, el cual INTERPRETA lo que le llega (y como le llega).
Así, la primera tarea que tiene un optometrista es que la imagen que se obtiene en la retina sea lo más nítida posible. Es decir, debe corregir la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo.
Pero qué pasa cuando las imágenes que llegan al cerebro son nítidas, pero no llegan de forma “placentera” para el cerebro.
Se estima que 1 de cada 3 alumnos tiene una buena agudeza visual, pero tiene una visión deficiente.
Y como padre/madre, podrá preguntarse:
¿Cómo puede ver mal si tiene muy buena vista?
La explicación es que valoramos la agudeza visual en el ojo derecho y valoramos la agudeza visual en el ojo izquierdo, pero la gran mayoría de veces, no se comprueba si los dos ojos saben ver de forma conjunta (visión binocular), si saben ver cómodamente de lejos y de cerca (acomodación), o si saben interpretar lo que ven (procesamiento de la información). Y a todo esto, también se debe tener en cuenta la postura que se adopta al realizar tareas.
Un dato extra, es que las bajas hipermetropías no corregidas (entre 0.75 y 1.25 dioptrías), permiten “ver”, aunque no cómodamente. Pero en un estudio realizado entre la población reclusa de EE.UU., se observó que más del 70% tenían este defecto. Y que, curiosamente, de este 70%, la mayoría habían sufrido fracaso escolar.
Estos son los motivos por los que los optometristas insistimos hasta la pesadez, en que a los infantes se les deben realizar exámenes visuales de formas periódica, al menos una vez al año.